YA ESTOY DE MOTILAR.

Día nacional del peluquero.

Por Luis Eduardo Correa Z.

Cada 25 de agosto se celebra en Colombia el Día Nacional del Peluquero, para conmemorar la labor y dedicación de estos profesionales que utilizan sus tijeras, peinillas, navajas, brochas y demás implementos de su trabajo, como herramientas para hacer de la belleza física todo un arte. Sobre este oficio, hay una larga historia que se remonta muchos años atrás. Pero nos ocuparemos solo de nuestros tradicionales peluqueros que durante la mayor parte del siglo pasado dieron lustre a las cabezas de hombres de pueblos grandes y pequeños. Fueron personajes sencillos, humildes, sin pretensiones de fama y que derivaban su sustento de este oficio. Solo se ocupaban de ejercer su trabajo con gusto y responsabilidad dignos de imitar. No se enorgullecían de nada, sin embargo, todos los hombres del pueblo les inclinaban la cabeza.

Al peluquero de pueblo, todos lo conocían, sabían su nombre y él también les conocía el cuello y la cabeza a todos pues eran sus clientes. Era un personaje de confianza, tanta que se le ofrecía la nuca sin ningún temor. Era atento, recibía cortésmente a sus clientes en la puerta del establecimiento, les preguntaba por sus asuntos personales y luego con un gesto respetuoso los hacía acomodar en su gabinete. Tomaba en sus manos las tijeras y la peinilla y se ubicaba detrás de su cliente, (porque los peluqueros siempre atacan por la espalda). Pero si todos los ataques fueran respetuosos y confiables como estos, estaríamos en el Paraíso Terrenal. Ya convenientemente ubicados, este maravilloso profesional accionaba sus herramientas con admirable maestría. Con su mano izquierda tomaba la peinilla, la posaba suavemente sobre el cuello, la deslizaba hacia arriba y por encima iba accionando las tijeras que producía un suave rifi, rifi, rifi arrullador y con la mano derecha un poco alzada, producía un artístico repique, que hacía casi dormir de placer a sus pacientes.

Terminada esa primera parte, tomaba jabón, una pequeña brocha y la navaja que, con unos movimientos delicados y suaves, friccionaba por el filo, en una correa de cuero que colgaba de una puntilla cerca al gabinete. Eso disque para asentarle el filo. Y con destreza admirable, la pasaba por el cuello de su cliente rasurando a ras el pelo sin causar ninguna herida. Luego con un tronquito de alumbre, frotaba la piel que, en algunos casos producía un fuerte ardor, pero eso era parte del ritual de estos maravillosos profesionales de la presentación personal. Terminado el trabajo, tomaba un espejo, lo ponía al frente de su cliente para que diera su aprobación a esa artística tarea. El cliente muy satisfecho, entregaba a su peluquero el estipendio correspondiente que, de antemano sabía su cuantía y se despedían con mucha satisfacción, el cliente por lo bien presentado que quedó y el artista por su obra realizada.

Es necesario anotar que el peluquero no solo realizaba su oficio con maestría, también era un experto comunicador, pues mientras atendía sus pacientes, los ponía al día de las nuevas noticias provenientes de la capital y el pueblo. Era un buen periodista, siempre contaba con noticias frescas y las compartía con sus clientes haciendo así más agradable el desarrollo de su ritual. Estamos hablando aquí de los auténticos peluqueros de pueblo que dieron lustre a la vida pueblerina. Claro, como todo cambia, y se implantó las salas de belleza, los estilistas que por exigencias sanitarias implementaron algunas prácticas higiénicas y de desinfección con los locales y sus clientes, surgieron las llamadas escuelas de belleza y se opacó el brillo de nuestros tradicionales y casi folklóricos peluqueros y hoy si acaso existen, utilizan otros términos y otras sofisticadas herramientas. Sea este sencillo escrito, un homenaje sincero de reconocimiento y valoración a estos empíricos profesionales de la belleza. Muy justa esta celebración, felicitaciones. ¿Cómo les quedó la motilada?

NUNCA DEJES DE LUHAR POR LO QUE AMAS. COMITÉ DE COMUNICACIONES, ASOACPO NACIONAL.

agosto 29, 2020

  • Excelente me quedó, pero no la motilada sino gusto al leer tan agradable artículo con el que se homenajea a estos profesionales de la tijera. Es verdad que todo evoluciona pero es grato recordar a esos personajes de pueblos y veredas que prestaban un gran servicio sobre todo a la comunidad masculina.
    Muchas gracias don Luis Eduardo por tener presente cada efeméride y compartir sus ideas con nosotros.

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