MUCHO MÁS QUE SOÑAR

La ensoñación es otra cosa.

Por: Luis Eduardo Correa

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Soñar es distinto a ensoñación según lo definen los expertos. Comúnmente cuando sentimos esa necesidad de descansar, es porque nuestro sistema nervioso central nos está indicando que debemos dormir para reparar las fuerzas que hemos empleado en los diferentes trabajos y entonces decimos que tenemos mucho sueño.

En ocasiones ya dormidos, se nos presentan una serie de sucesos e imágenes que percibimos como reales y cuando despertamos decimos: tuve un sueño.  Pero en realidad fue una ensoñación. Un verdadero sueño se concibe despierto en pleno uso de las facultades mentales y se define como un proyecto o aspiración que se piensa, se persigue con placer, con amor. Entonces, soñar no es una pesadilla que nos hace sentir angustia, ansiedad, miedo, terror. No, todo lo contrario. Es un signo de fortaleza mental, espiritual y física. Es aquello que se anhela; una aspiración; una fascinación; un lanzarse al futuro con fe, sin temores, con firmeza. Es tan cierto que en el libro de Los Hechos 2, 17 encontramos esto: “Nunca es tarde para tener nuevos sueños. Las bendiciones en la vida empiezan por soñar. Soñar da vida.” Soñar es pues señal de grandeza y trascendencia del ser humano. Es una fuerza espiritual que nos impulsa a mirar desde aquí y ahora, lo que será el día de mañana, sus enormes posibilidades y las nuestras para cumplir el mandato Divino de engrandecer la tierra.

Los grandes descubrimientos; los grandes eventos; los grandes logros; las nuevas tecnologías de las cuales disfrutamos hoy no son otra cosa que la concreción de lo soñado por personas inquietas que con fuerza y curiosidad se lanzaron al futuro con fe y decisión. Y aquí juega un papel fundamental esta triple manifestación de la fe: fe en Dios, fe en nosotros mismos y fe en las demás personas. Radio Sutatenza y sus Escuelas Radiofónicas que tanto bien hicieron al pueblo campesino en el siglo pasado, fueron la realización de un gran sueño concebido por un hombre extraordinario que se lanzó al futuro con fuerza y decisión, logrando crear la empresa educativa más grande y eficiente de que se tengo noticia en todo el planeta. Nuestra Asociación, ASOACPO NACIONAL, es también un gran sueño al cual nos debemos unir todos los que fuimos beneficiados por las enseñanzas de las Escuelas Radiofónicas.

Es provechoso pues tener sueños, cultivarlos, acariciarlos. Esa es la mejor señal de que estamos vivos. Dicen algunos que todo lo que comienza termina y todo lo que nace muere. Los sueños no mueren. Son eternos. Hacen parte de la trascendencia de los seres humanos. Son inmortales porque son la esencia de la vida y Dios es la vida. Dicen los investigadores que el cosmos y todos los seres que lo integran incluidos nosotros, somos el desarrollo de un gran sueño. También dijo el gran escritor Julio Verne, “todo lo que un hombre sueña, siempre habrá alguien que lo haga realidad”. Los sueños son como las cometas. Les gusta las alturas. No son rastreros.  Soportan las envestidas de los vientos. Luchan por mantenerse arriba. Se comunican con quien las eleva, por medio de un hilo que, por frágil que parezca, la sostiene y endereza su rumbo. Así también son los sueños, buscan siempre lo superior, lo de arriba, las alturas. Quien los concibe y mantiene por lo alto, se comunica con ellos por medio del hilo de la fe. Corrige su rumbo y les da fuerzas para resistir los embates de las adversidades propias de las diferentes circunstancias. Por eso debe ser un crimen derribar la cometa que un niño eleva. Matar los sueños que una persona concibe, cuida acaricia y ama, también debe ser un crimen. Así como abortar un bebé que se está gestando debe ser castigado, así mismo debiera castigarse al que mata un sueño, pues es también un aborto. Una mujer embarazada, merece respeto, cuidado y admiración. Un sueño también merece respeto, cuidado y admiración, pues soñar también es un estado de preñez. Tener sueños equivale a contar con un proyecto de vida. No contar con un proyecto de vida, es igual a caminar a tientas  corriendo el riesgo de dar un traspié con consecuencias fatales. Soñemos pues, que nuestro país necesita con urgencia muchas personas soñadoras.

febrero 11, 2020

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