LOS TIENE BIEN PUESTOS

CLARO, SE TRATA DE LOS PANTALONES

Por Luis Eduardo Correa Z.

Los pantalones fueron inicialmente considerados por los romanos como atuendos de bárbaros y estuvo prohibido su uso hasta el año 400 de nuestra era cristiana. Siglos después, en 1930, el pantalón se popularizó tal como se conoce actualmente. Su nombre, según la historia, fue tomado de “San Pantaleón,” médico y mártir del siglo IV. Sabemos que nuestros antepasados cubrían su desnudez con pieles y que en la cultura celta, 2600 años atrás según pruebas arqueológicas, se usaban pantalones. Un poco más adelante en la época de Cristo, lo que se usaba, por hombres y mujeres, era la túnica, la capa y el manto, todas estas prendas compuestas de una sola pieza pero de tejidos muy finos. No se usaba ropa interior.

No se sabe con certeza desde cuándo se introdujo el uso discriminado del vestido de hombres y mujeres. Los hombres camisa y pantalón, las mujeres, falda y blusa. Lo cierto es que a lo largo de la primera mitad del siglo 20, se usó ese tipo de vestido. A partir del año 50, hubo mucho rechazo y hasta amenazas por parte de líderes religiosos tradicionalistas, a los intentos femeninos de usar el pantalón para cabalgar. Tanto, que esto llegó a considerarse pecaminoso, esgrimiendo argumentos totalmente infundados. Esto fue aceptado socialmente y cualquier otro uso, era motivo el rechazo y se miraba mal a la mujer que se atreviera a usar pantalón y cabalgar como los hombres. Era tal el asunto que se calificaba mal a la mujer que al sostener una conversación con alguien estando de pie, echara una pierna hacia adelante y la otra un poco atrás. Para cabalgar la mujer, debía hacerlo en un apero especial llamado “galápago”, que les permitía ir sentada de medio lado y con una falda larga hasta los tobillos.

Aparecieron en esos momentos unas prendas parecidas a pantalones que aunque fueron muy criticadas, abrieron el camino para la llegada del jean. Claro, se decía que las mujeres no debían vestir con esas telas tan gruesas y pesadas, que lo de ellas era las telas livianas y delicadas. Que se veían menos femeninas y hasta parecían hombres. Lo cierto es que el uso del pantalón con la llegada del bluyín, se generalizo y se callaron las críticas y protestas y las mujeres se sienten cómodas, con libertad de movimiento, seguras y lucen muy hermosas. Esto fue un logro cultural y social que aplaudimos y valoramos, pues para ellas, siempre lo mejor del mundo.

A lo largo del tiempo, se le asignó al pantalón significados de poder, fortaleza, inteligencia y masculinidad injustificados, pues la mujer es poseedora de grandes fortalezas y valores no reconocidos. Por tal motivo surgieron expresiones mitológicas como estas: que se los amarre bien. Le faltaron pantalones. Ese sí los tiene bien puestos. Ese es un hombre pantalonudo y otros más. También decían si una mujer quería usar pantalones, es que quiere imitar a los hombres, parece un hombre etcétera. Pero, un momento señores, tenemos hoy mujeres más pantalonudas que muchos. Ejemplos sobran. Como esposas, madres, educadoras, ejecutivas, profesionales, lideresas, amigas, vecinas, artistas y actualmente en los servicios de salud, llevan la delantera y se ganaron el trofeo anti-pandemia. Nuestros respetos a esas modernas Evas capaces de rechazar la manzana de la culebra bíblica, para mantener la paz y la armonía en las familias de todo el planeta. A los hombres queda la tarea de “tenerlos bien puestos” para marchar con ellas hacia el logro de una sociedad próspera, justa y humana. Mirémoslas y admiremos lo bien que lucen y que los tienen bien amarrados.

Comité de Comunicaciones ASOACPO NACIONAL. “NUNACA DEJES DE LUCHAR POR LO QUE AMAS”

noviembre 2, 2020

  • Gracias don Luis Eduardo, más que un comentario a las prendas de vestir es un homenaje a las mujeres. Dios lo bendiga.
    Éxitos en su vida.

  • Luis Eduardo y Comité de Comunicaciones : Estoy de acuerdo con Luz Helena que más que un comentario a una prendas de vestir usada por los Señores y las damas es un elogio a las damas, que en sus diferentes roles sabe aportar con grandeza la sabiduria que Dios ha puesto en cada una. No abandone el barco Luis Eduardo que » detrás de un gran hombre hay una gran mujer»

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