EL SASTRE DEL PUEBLO.

OTRO PERSONAJE TÍPICO Y TRADICIONAL.

Por Luis Eduardo Correa Z.

Hablemos hoy de este otro personaje tradicional del siglo pasado, y también de nuestro tiempo, aunque se ha opacado su trabajo por la tecnificación del oficio, el sastre que con su maestría y su ingenio prestó y presta un importante servicio sobre medidas a la comunidad. También los sastres de hoy, que con herramientas y técnicas modernas, siguen engalanando las gentes de pueblos y ciudades. Antes de continuar, conozcamos algo de la historia de este noble oficio y su descripción. La sastrería es el arte de diseñar, cortar, coser, ajustar, fabricar y terminar prendas de vestir. La palabra sastre viene del latín “sartor” que significa costurero y “sarcire” que significa zurzir. De ahí pues, se deriva la palabra sastrería. La historia de la sastrería es tan antigua como la humanidad. En el libro del Génesis 3, 21, encontramos lo siguiente: “En seguida Yahvé Dios hizo para el hombre y su mujer, unos vestidos de piel y con ellos los vistió.” No nos dice el autor Sagrado de dónde resultaron las pieles, pues la creación apenas comenzaba. Lo cierto es que ante la desnudez de Adán y Eva, Dios se vio “obligado” a improvisar una sastrería en pleno Paraíso. Ahí comenzó la historia de los sastres y de la sastrería.

Pero vamos al grano, o sea al sastre pueblerino. Está colmado de virtudes: honesto, atento, simpático, respetuoso del gusto de sus clientes. Conoce las medidas y las tayas de todos los del pueblo y se actualiza sobre la moda del momento. Inclinado siempre sobre su mesa de trazar o su sencilla máquina accionada con manubrio y quizás con pedal, siempre con su metro sobre el cuello, una parte colgando a la derecha y la otra hacia la izquierda, como la estola de un sacerdote al celebrar un acto litúrgico. Sí, es que los sastres ejercen el sacerdocio del diseño y la costura que dan como resultado una elegante prenda que las gentes del pueblo lucen con gran felicidad. Despiertan el anhelo de asistir a todas las fiestas y celebraciones sociales y religiosas elevando así la autoestima y la valoración personal, manifestaciones propias de seres con grandes valores humanos. Entonces sí es válido llamarlos sacerdotes de la felicidad y la autoestima.

Especialmente los del siglo pasado, eran también personajes conocidos y admirados por todo el pueblo. Cuando se acercaba una fiesta, los hombres de todas las edades empezaban a soñar estrenando “pinta” o poniéndose el “baúl” como también se decía. Y así era. Se usaba la bota campana; la pretina con pasadores en H, en X, dobles II, sencillos Iy el túnel. Los que vivían en el pueblo no tenían problema para lucir su estrén. Los campesinos sí, pero lo resolvían ingeniosamente empacando su “estrén” muy bien dobladito y en una bolsa lo llevaban al pueblo. Una vez allí, iban a una posada de confianza y llenos de satisfacción se cambiaban su ropa de viaje por la de fiesta. Salían “estirando nuca” a incorporarse a la celebración y con orgullo del bueno, escuchaban que les decían: Uy, cómo quedaste de “titino.” Pero detrás de todo esto estaba el artífice de la moda: el genio de las tijeras, el metro, la regla, la tiza, los hilos, los botones y su pequeña Singer, el sastre del pueblo.

Qué bueno y qué justo es recordar a estos sencillos servidores, cómplices de las conquistas amorosas, el desfogue de las tensiones y cansancios de los campesinos encargados de alimentar bien a todo el pueblo. Con su “pinta” encima, olvidaban las fatigas, angustias y frustraciones que, en el noble y vital oficio abundan más que las cosechas. Honor a ellos y a los maestros de la moda que, sin alardes de nada y con suma delicadeza, engalanaban a sus fieles clientes que, orgullosos, respondían cando les preguntaban ¿quién te hizo ese pantalón?, mi sastre, el de la esquina del pueblo. Agreguemos a todo esto, su generosidad para compartir sus saberes sin celos ni recelos. Si algún joven del pueblo, contagiado por la destreza y habilidad de su sastre, se le acercaba y le pedía que le enseñara el arte, lo hacía con gusto. Era como los antiguos Maestros Artesanos con sus aprendices. Un gran ejemplo a seguir.

Es mucho lo que queda por decir a cerca de estos empíricos profesionales y artistas del buen vestir, pero vamos a resumir diciendo que, el arte de la sastrería tuvo un origen Divino y que nuestros sastres lo han venido desempeñando “Divinamente”.

“NUNCA DEJES DE LUCHAR LOR LO QUE AMAS”

COMITÉ DE COMUNICACIONES DE ASOACPO NACIONAL.

septiembre 7, 2020

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