AMOR, VIDA Y ALEGRÍA.

Bendita Trinidad de felicidad y vida que no siempre sabemos valorar

Por Luis Eduardo Correa Z.

Dios nos eligió en medio del cosmos por amor.

Hay temas que son recurrentes para quien quiera hablar de las bellezas del amor, la vida y la alegría. Para tocar tan importante aspecto, pensemos que Dios es puro amor y amor puro. Que es fuente inagotable de la vida. Y que la suma del amor y de la vida, nos da como resultado una alegría inmensa. A propósito, hay un canto religioso que dice: “Amor es vida, vida es alegría”. Nos basaremos en este texto para referirnos brevemente a la grandeza del amor, la vida y la alegría. Es un tema sobre el cual poco se escribe. Se habla y se escribe más sobre lo contrario a la vida. Nosotros no nos ocupamos de eso, pues estamos comprometidos con el amor, la vida y la alegría. Lo otro, hemos resuelto tirarlo al lugar del descarte por inútil y contaminante. Queremos implantar la cultura del amor, la vida y la alegría.

Es algo muy difícil, pues el aliento de vida que anima a toda la creación es frágil, delicado, sutil. Sus manifestaciones son infinitas y misteriosas. Nos anima sí, la certeza que Dios es Amor y fuente inagotable de la vida. Él nos participa a nosotros y a todos los demás seres del cosmos, de su poder creador como un don especial. Nosotros estamos en el deber de valorarla, agradecerla, cuidarla y compartirla. Atrevámonos pues, a adentrarnos en este noble y delicado tema con respeto, cuidado y admiración. La vida se manifiesta de infinitas formas: en fenómenos, acontecimientos y hechos. Unos tan grandes que desbordan nuestro entendimiento. Otros tan comunes que los dejamos pasar inadvertidos.  Algunos tan sutiles que no los alcanzamos a percibir.

Un terremoto que sacude la tierra es una fuerte expresión de vida. Una tormenta con nubes negras que dejan caer incontables gotas de agua y a veces tronquitos de hielo que llamamos granizo, eso es vida.  Unas chispas relucientes producidas por el encuentro de energías opuestas en las nubes, que hostigan los ojos y su estallido aturden los oídos, eso es el palpitar de la vida. El viento que sopla con fuerza desarraigando árboles y echando por tierra el sombrero del campesino que cabalga su caballo, es una manifestación juguetona de la vida.

Abramos los oídos y dilatemos las pupilas para captar las hermosuras de la vida. Contemplemos las pequeñas y diminutas manifestaciones de vida. Ahí está el colibrí recogiendo el néctar de las flores suspendido en el aire gracias a aleteos de pasmosa velocidad. La abeja que se aleja hasta dos kilómetros de su colmena y regresa cargada de polen y sabe encontrar su panal, eso se llama vida. La diminuta hormiguita que sabe dónde se encuentra su alimento y en un cálculo de prodigiosa ingeniería, traza su camino y con pasmosa velocidad en relación con el tamaño de su cuerpo, se desplaza y logra su objetivo. Eso es vida.

Ahora sí, preparemos el alma y dejemos que el corazón palpite de alegría y admiración. Miremos ese par de jovencitos, una muchacha y un muchacho. Se encuentran quizá fortuitamente en algún lugar y circunstancia. Sienten que les invade todo su ser una fuerza extraña. No se atreven a acercarse el uno al otro. Se miran de soslayo. Tratan de disimular lo que los embarga. Eso es el palpitar de la vida. De repente sus miradas se encuentran y se produce un centelleo que los hace estremecer. Buscan que ninguno se percate de lo que está pasando. Depronto, alguno vuelve su mirada y de nuevo se produce el encuentro y un centelleo que ambos desean prolongar eternamente. Se iluminan sus rostros y se comienza a dibujar en sus labios una sonrisa estremecedora. Temblando se dirigen unas cortas y desatinadas palabras. Luego se toman de la mano, viene un abrazo, un beso. ¡Ojo!, es la manifestación más sublime y hermosa de la vida. Hemos presenciado el comienzo de un noviazgo con futuro.

«Amor es vida, vida es alegría»

Maduró esta hermosa relación y se convirtió en amor, vida y alegría. Ya los estamos viendo que salen del templo tomados de la mano y cargados de bendiciones, propósitos y proyectos de vida. Sigue de ahí, lo que la sociedad llama “noche de boda”. Ansiosos realizan su primer encuentro íntimo y se va configurando un nuevo hogar. Pasan los meses y ya la muchacha muestra el vientre abultadito, su joven esposo la contempla orgulloso, una nueva vida palpita ya entre nosotros. ¿No es este el más grande milagro obrado por el Poder Divino? Sigue el tiempo fluyendo y llega “la plenitud de los tiempos” y estamos viendo la joven madre amantando un niño. Pasan los años y ella lo lleva de su mano a lo que nuestra sociedad llama “Jardín”. Ya terminó la educación primaria, la secundaria y ya es un profesional.  Se encuentra con una muchacha, se miran, se sonríen y se repite el ciclo. ¿No es esto la más grande y sublime manifestación de vida? ¿No sentimos que se nos estremecen las entrañas? ¿No descubrimos en todo esto, la mano creadora de Dios?  Tomados de la mano, inclinada la cabeza, cantemos en coro: Amor es Vida, Vida es Alegría…Por favor, únanse a nuestra campaña por el amor, la vida y la alegría.

“NUNCA DEJES DE LUCHAR POR LO QUE AMAS”.

COMITÉ DE COMUNICACIONES DE ASOACPO NACIONAL.

octubre 18, 2020

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