HABLEMOS DE LOS DOS.

Si, porque los dos son uno solo.

El pasado mes de mayo se celebró el día de la madre, algo que ya es tradicional en nuestra sociedad. En el presente mes de junio se celebra también el día del padre. Si estas celebraciones fueran motivadas por amor y no por intereses puramente comerciales, serían las fiestas más justas y significativas de todas. “Honrar a padre y madre”, está mandado en la ley de Dios. Es el único mandamiento que está acompañado de una promesa; “y vivirás largos años sobre la tierra”.

El papá y la mamá son uno solo. “Una sola carme”. Génesis, capítulo 2, versículo 24. Esto significa que los dos, padre y madre, tan padre es la mamá como el papá; y tan madre es el papá como la mamá. Los dos saben dar ternura, los dos son pródigos en afecto, caricias, comprensión, generosidad y amor. Un gran misterio.

Los hijos son la explicación de ese misterio. Él y ella son el núcleo del misterio. Quiso Dios servirse de él y ella para manifestar su poder creador; para transmitir la vida, para cubrir de vida su obra, para mostrar su belleza en todo su esplendor. Hizo de ella una sacerdotisa, y de él un sacerdote. Los dos son sacerdotes y ofician su ritual en el altar de la vida. Su templo es el hogar. Se ofrendan día y noche con generosidad sin límites. Se hacen “pan vivo” para que sus hijos se alimenten. Voluntaria y generosamente se ofrecen en sacrificio para salvar su prole. Hacen de su hogar una escuela donde enseñan a sus hijos el arte de vivir; un taller, donde se enseñan a trabajar con responsabilidad, con amor y gusto; un albergue, donde les dan seguridad y acogida amorosa a sus hijos.

Son verdaderos líderes de su familia, son profetas porque anuncian y denuncian; crean valores personales, y como lo dice el Vaticano II, son educadores en la fe, formadores de personas y promotores del verdadero desarrollo.

Si hablamos de vocación, encontramos que no hay vocación más completa y comprometedora, más noble y trascendental en la conservación de la especie humana y que más aporte al logro del fin último. Son padre y madre los encargados de guiar a sus hijos por el verdadero camino de la salvación y que para ellos la vida sea una permanente ascensión. Cada día más arriba es la consigna. Todo día es un renacer, una vida nueva, un canto a la vida, un motivo de asombro, de admiración y contemplación.

Hechas estas consideraciones, vienen unas preguntas: ¿Por qué celebrar por separado a la madre y al padre?; ¿no madre y padre son unidad en el misterio del amor?; ¿no ejercen ella y él un mismo sacerdocio?, ¿no son ella y él los componentes esenciales de la familia que es célula vital? Celebremos la familia, no por partes.

Un pensamiento sobre “HABLEMOS DE LOS DOS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *